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Raña: 'Pasé de ser un buen deportista a ser un buen fracasado'

Iván Raña (Ordes, La Coruña, 1979) está ‘herido’. La gente le para por la calle y le repite su fracaso en la prueba de triatlón de los Juegos Olímpicos de Atenas. Iba para medalla y se quedó en el puesto 23. Iván se muestra como un tipo tranquilo. Con sólo 25 años, no deja de ser muy joven para reconstruir una carrera marcada por Atenas pero repleta de éxitos en el pasado (campeón del mundo, de Europa y de España) y con muchos retos futuros. En su cara se aprecian cicatrices de dos percances graves que tuvo entrenándose. Se le ve sencillo, y gallego, muy gallego.

La imagen del triatleta como ‘hombre superman’ está muy extendida en el pueblo común. En persona, sin embargo, parece usted un tipo casi normal.
Es una imagen irreal la que se tiene. Por la calle, me dicen: “Ah, pero tú eres Iván Raña; pues parecías más grande”. Sí, es verdad: me dicen que estoy muy delgado. Pero lo que se busca en un triatleta es un tipo que pueda correr, nadar y peladear, y cuanto más grande sea, peor. Yo no soy nadador, por ejemplo, y, sin mucho músculo, puedo hacerlo bien con una buena técnica.

Pero tener afición por este deporte desde pequeño es complicado. Porque, ¿cómo se inicia uno en el triatlón? Yo, por ejemplo, empecé nadando. Ahí me federé. Luego hacía bici por mi cuenta y, además, me metía a muchas carreras populares. Hay otra gente que ha hecho toda su vida un deporte y cuando tiene 15 años, se deriva a otro. Y así se hace triatleta. Pero eso es difícil que se dé en un niño. Tampoco tienes por qué ser triatleta a esos 15.

¿Qué vida lleva usted? ¿Es verdad que lleva mucho sin salir por la noche?
Antes de los Juegos, llevaba cuatro años sin salir, sin vivir una ‘farra’ verdadera, sin preocuparme del día siguiente y viendo amanecer. Llevaba tanto tiempo apartado de la noche que ya me parece un mundo poco atractivo. Mi objetivo es descansar, dormir y comer bien.

¿Es sacrificado entrenarse día a día y ver que haga lo que hagas tu labor sólo es reconocida cada cuatro años, en los Juegos?Yo sé lo que hago y sé que el triatlón no es un deporte conocido, por ahora. Lo que me motiva a entrenarme no es tener repercusión sino tener a mi gente contenta: a mis sponsors, etc... A mí me gusta el deporte ‘per se’ y con entrenarme tranquilo ya estoy contento. Me motiva superarme.

¿Cómo fue el primer entrenamiento tras los Juegos? ¿Le debió costar coger las zapatillas tras la decepción de Atenas?Mi primer día pos Atenas fue haciendo rodillo en casa. Entrené media hora y, si digo la verdad, lo echaba de menos. Psicológicamente, estaba tocado por lo de Grecia. Porque había preparado la carrera muy bien. Era la oportunidad de mi vida. Y fallé...

¿Ha visto ya la carrera de nuevo?Hace poco empecé a ver la natación, un poco de la bici y el sprint que hice al final corriendo. Y no tengo una explicación clara a lo que pasó. Hay cosas que, cuando viajas, no puedes controlar: un día de lluvia, un viaje malo, una mala comida, dormir mal antes de la carrera... Y tienes que adaptarte y hacerlo bien. Hasta ahora lo había hecho bien, pero ese día fallé. Intento buscar explicaciones pequeñas, como el madrugón que me metí ese día. Me levanté a las cinco y media, y no lo suelo hacer nunca, aunque me había preparado para competir a las nueve de la mañana. Pero quizás me pudo afectar levantarme a las cinco de la mañana y tener que coger el autobús.

Aquella mañana, ¿sintió ya desde el principio que no era su día?
No, no noté nada extraño. Además, hasta que no estás en carrera, no tiene sensaciones, ni buenas ni malas. Descansé bien los días de antes y estaba perfecto. Calenté bien, hice un buen rodillo en bicicleta... Me sentía normal.

¿Cuándo se dio cuenta de que no iba, de que no iba a sacar medalla?Cuando iba en la bici. Me entró una rabia tremenda. Me dije: “¿por qué me tiene que tocar hoy el día malo? ¿Por qué?”. Sabía que estaba perfecto y que me había preparado bien, y llega el día y ‘zas’, se me escapaban todos. ¡Me c... en todo!

Aquello que dijo al terminar de que era el único mal día que había tenido en los últimos cuatro años sonó a excusa.
Era la pura verdad. No quería poner excusas que no eran ciertas. Hubiera sido más fácil decir que me dolía la rodilla. Pero no me dolía nada. Dije que tuve un mal día porque era la verdad. Me había caído unos días antes, pero no tenía nada afectado. Tuve un día tonto y ya está.

Otra cosa que se le critica es la cara -muy alegre y despreocupada- que mostró al cruzar la meta. Parecía que no le importaba el fracaso, mientras mucha gente esperaba de usted todo. Igual me pasé dando esa mala imagen. Puede ser. Eso me lo ha comentado gente, como que yo pasaba de todo... Y no me hubiera gustado dar esa imagen. Pido perdón si alguien se sintió molesto con mi actitud. Ahora intento olvidar todo y recuperarme pues, aunque no lo quiera, algo me ha afectado lo de aquel día. Fue un buen palo. Pero bueno, tampoco se murió nadie.

¿Admite las críticas de gente que sólo mira su trabajo cada cuatro años?
¿La Prensa, quiere decir? Yo intento ponerme en el pellejo de los periodistas; y ustedes deberían ponerse en mi piel, mientras corro. Hasta ese día demostré que podían confiar en mí. El triunfo siempre tiene amigos; cuando pierdo, ya no hay tanta gente detrás. Pero asumo eso: yo viajé para dejarme todo... y fallé.

¿Le ha decepcionado alguien desde que perdió la medalla?
La verdad es que pese a todo he tenido mucha suerte en ese aspecto, porque me han tratado bien. Pudo ser mucho peor. Me sentí respaldado.

¿Usted también cree sinceramente que fue el gran fracaso de España en los Juegos?
Para mí también fue un fiasco. Aunque yo diría más bien que fui la decepción o el disgusto. Y con razón. La gente veía que yo podía ser medalla segura, y, tras darme mucho bombo, no la conseguí.

¿De la Federación le falló alguien?
(Piensa tres segundos). No sé si me falló gente, pero sí noté que no se veía ya el entusiasmo que había antes de la carrera. Y lo veo normal. Es lógico que la gente esté apagada tras lo que pasó. Pasé de ser un buen deportista a ser un ‘buen’ fracasado. (Iván menciona la frase resignado, con la voz casi apagada).

¿Hubo quejas de los compañeros de equipo?
Todos me entendieron, porque son deportistas como yo. Con los chicos me llevo bien. Me han apoyado, tanto Xavi Llobet como Eneko Llanos. Ellos también se llevaron un palo porque la Federación apostó por ellos para hacer ese trabajo de llevarme a medalla. Apostaron a fondo para ganar y no salió. Lógicamente, ahora se buscan explicaciones y una ha sido no haber convocado a Gómez Noya. Yo le llamé y le di ánimos, pero yo no soy el seleccionador. No es mi trabajo. Yo me dedico a correr. Debía respetar a mis otros compañeros.

¿Cómo piensa reenganchar a los aficionados que ha defraudado en estos Juegos?
El tiempo lo acaba borrando todo. Seguiré luchando. Que no piense la gente que Raña y el triatlón se han muerto. Éste es un deporte con muchas posibilidades aún y volverá pronto a estar arriba.

¿Cuál es su objetivo ahora, tras los Juegos?
No voy a entrenarme fuerte hasta el año que viene. Tengo que recuperar ilusión y fuerzas, y me quedaré en Galicia para descansar, vivir el ambiente familiar, comer bien y recuperar. Hago deporte moderado, mis deportes, pero de forma suave: nado mil metritos, 20 minutos suaves; corro media horita; me hago un puerto en bici. Algo liviano. Algún día me he ido al mar de Galicia, pero me tuve que poner el neopreno. Sólo me prohíbo andar en patinete. Ya me di bastantes ‘leches’ y mejor no tiento a la suerte.

Pensando ya en Pekín’2008, ¿cambiarías el título mundial por un bronce olímpico?
Seguro que tendría más eco un bronce, pero no deja de ser quedar tercero en la competición. Yo prefiero ser el mejor durante varios años.

¿Le reconoce la gente por la calle? ¿Siente la popularidad?
Sobre todo, me conoce la gente deportista. Ayer, por ejemplo, un guardia de tráfico se vino hacia mí y me dio ánimos. Eso sí, me apena mucho que la gente venga casi como si se me hubiera muerto alguien: “venga, chaval, arriba”, me dicen. Y, jolines, ¡perdí una carrera, no se murió nadie! Pero no me conoce mucha gente más. Los que no practican deporte conocerán más a los futbolistas.

¿Qué opina de que la sociedad esté invadida por el fútbol? Menos esfuerzo, menos horas, pero tienen más eco, más dinero...
No me comparo. Es un mundo aparte. La gente pide fútbol y tiene eso. Es muy difícil estar a su altura. El triatlón es complicado. El fútbol lo practica cualquier niño con un balón y unas zapatillas. Lo único que envidio de los futbolistas es poder ser profesional y no tener que preocuparte del dinero.

Quedan cuatro años para Pekín. ¿Ya se lo plantea como objetivo?La vida da muchas vueltas y espero seguir haciendo esto. Intentaré estar otra vez a tope en Pekín. Asumo que lo de Atenas fue un fiasco, pero no estoy acabado.

Por Juan Castro y Tomás Campos



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